lunes, 23 de septiembre de 2013
miércoles, 15 de mayo de 2013
Ideas sobre el poder en la Edad Moderna
En
época de Carlos V, la edad moderna no poseía los componentes que se
le otorgan actualmente.
El
poder estaba disperso entre corporaciones y asambleas
representativas. La idea era consensuar los intereses del
reino con los del rey, siempre buscando el bienestar común. Aunque
el rey tiene la capacidad de convocar cortes y la de elegir los temas
a debatir, debe de hacer realidad los deseos de sus súbditos. Las
asambleas poseían una carga política representativa, pero la
soberanía la poseía el rey, una soberanía desligada de cualquier
poder positivo (es rey por obra de Dios).
El
atributo de la soberanía es ejercer la justicia (una
monarquía judicial), legitimada por Dios. Debe defender los derechos
y fueros de cada uno de sus súbditos. De ahí emana su poder, de sus
obligaciones. Aunque el poder no era total, pues, según el lugar,
debía contar con las cortes, las cuales estaban formadas por cada
poder. Por ejemplo, en Castilla las cortes tenían menos fuerza que
en Aragón.
El
rey a su vez es un “pater familias” que otorga gracias y
mercedes, cómo oficios burócratas y administrativos. El que recibe
le debe lealtad y se convierte en una fuerza fiel. Los vasallos, a
pesar de depender del señorío, depende directamente del rey, lo que
le causa una doble carga fiscal. Es importante estar cerca del rey o
poseer un cargo público ya que el cargo es hereditario, con lo que
se monopoliza el poder en manos de pocas familias.
La
idea de soberanía se unía a la de religión. El poder se
sacralizaba y la religión se secularizaba. Un ejemplo de
complementariedad esta entre la Iglesia y el Papado. Se está
viviendo la desintegración de la cristiandad a causa del surgimiento
de nuevas iglesias que rompen con el poder eclesiástico. Aparecerá
la idea de “un rey, una religión”. Entra en crisis el concepto
de imperio y aparece el de la pluralidad religiosa. Las monarquías
se impregnan de religión en busca de sus propios intereses. La
guerra y la monarquía irán unidas por lo confesional. Estas guerras
religiosas acabaran con la paz de Westfalia.
Los
esfuerzos económicos -ya sea por impuestos-, los esfuerzos
demográficos-con el reclutamiento de soldados-, la supresión de los
fueros... vinieron causados por la política militar de los reyes y
su tendencia centralizadora y absolutista. En el siglo XVIII
este poder continuará, aunque dispersado en la burocracia
administrativa. Este control del estado, paralelo al aumento de la
riqueza, será justificado por el bienestar de los súbditos.
A
principios del siglo XVI el gobierno lo formaban un conjunto
de personas unidos al monarca por lazos de fidelidad y no de patria.
Se afianzarán los príncipes y las cortes con autoridad laica,
enfrentándose incluso al papado y sometiendo al clero al pago de
impuestos. El rey tiene la potestad de asignar cargos públicos,
creando una aristocracia administrativa que monopoliza ese poder. La
jerarquía esta ahora relacionada con la cuota de poder que se posea,
un poder que se hereda. Es una situación característica de los
estados italianos, donde es “de hecho” y el súbdito debe
aceptarla cómo algo natural.
En
Europa va cambiando la idea de monarquía, rompiendo con lo
tradicional. Se concentra el mando bajo una reglamentación. El
ejercicio del poder es el ejercicio de la justicia. Esta nueva
estructura del estado se basa en el rey cómo cabeza de la corte,
siendo esta la administradora de justicia, aparato administrativo,
ejército, diplomacia... . La nobleza verá perder casi todo su
poder, e incluso tendrá que permitir que el rey arbitre entre ella y
el campesinado. El rey para compensarlos les otorga títulos, creando
un nuevo tipo de nobleza que se enfrentará a la nobleza que se
encargaba del ejercicio de las armas, por esta nueva que se encarga
del ejercicio de la administración. La sensación final es que el
estado vela por sus intereses. Pero también velará por los
intereses del campesino al castigar los malos usos de los señores.
Los
hombres de la edad moderna estarán sometidos a un rey, a un
señor y a un imperio, pero un imperio conocido cómo una federación
de estados con igualdad de derechos. Esa idea de pluralidad estará
enfrentada a la idea de estado centralizador.
El descubrimiento de América
Colon
era un marinero Genovés, venido de Portugal, donde su proyecto de
llegar a las Indias fue rechazado, ya que los portugueses acababan de
doblar el sur de África. Sus ideas le vinieron de Ptolomeo y
Toscanelly, además de la presunción de una tierra más pequeña,
aunque aquí se equivocó, pues él calculó en 10.000 los kilómetros
la línea del Ecuador, siendo 35.000; incluso durante el viaje anotó
mal las millas recorridas para no negar su teoría.
Él
llegó a la península en 1486, pero no fue hasta 1492 cuando los
reyes se interesaron en su proyecto. Era una aspiración
demasiado costosa por lo que los reyes accedieron con la condición
de que el genovés también financiaba el viaje. Debido a su
escepticismo los reyes le otorgaron todo aquello que pidió, y así
en las “Capitulaciones de Santa Fe” se le es concedió el
título de almirante mayor de la mar oceánica, además del de virrey
y gobernador de las tierras descubiertas. Igualmente poseía el
“derecho de Terna” en la elección de funcionarios y altos
cargos, que aunque eran elegidos por el rey, estos lo eran de una
lista elaborada por Colon. Otra concesión fue la de la décima parte
del comercio y el “ocheno” u octava parte de la flota; así mismo
se le otorgó el título de Don. Todas estas concesiones parten de
una enorme desconfianza hacia la empresa marinera, de lo contrario
sería ilógico pensar que Fernando intentando quitar poder a la
nobleza accediera a perderlo bajo un solo hombre.
Tras
el descubrimiento y la sorpresa real, ante las peticiones de Colon,
la corona, negó el contrato excusándose en que se había otorgado
una merced.
La
tripulación se componía de 90 a 120 hombres, y muy pocos eran
delincuentes. Se salió el 3 de Agosto, haciendo parada en las
Canarias el 9. Durante el viaje vivieron varios motines. El 11 de
octubre se atisbó tierra, de la que se tomó posesión en nombre de
los reyes. La Santa María no pudo continuar el viaje, teniendo que
quedarse su tripulación en el fuerte de Santo Domingo, bajo el
cacique local.
Tras
su vuelta a España el viaje fue sobre valorado y de inmediato se
proyecto un segundo viaje para septiembre, por el cual se
haría posesión efectiva de las tierras descubiertas. Con este
segundo viaje se empezarían a adivinar la importancia de dos puertos
españoles: Sevilla y Cádiz. El viaje lo encabezó Fonseca,
administrador real, seguido de sacerdotes, con la misión de
evangelizar, aperos y animales, para potenciar la agricultura en esas
tierras, alguaciles, alcaldes y contables, símbolos de una nueva
administración. Los 17 barcos que partieron en este viaje
representaban fielmente a la sociedad castellana. El viaje fue rápido
y directo, colon conocía bien los vientos alisios. A su llegada
encontraron a la tripulación asesinada. Las nuevas intenciones eran
adentrarse hacia el interior.
El
contacto entre las dos culturas fomento el contagio de las
enfermedades, siendo la población indígena la peor parada. Dos
ciudades recién fundadas, la Española y la Isabela, empezaron a
tener problemas, pues no había tanto oro cómo soñaron, los
alimentos escaseaban y los hidalgos tuvieron que trabajar. Además, a
causa de sus viajes, Colon delega el gobierno en personas de
confianza, quienes fomentaron el abuso sobre los indígenas. Un
sacerdote trajo a España malas noticias acerca de la administración
de Colon.
En
Marzo de 1496 Colon regresa a España donde deja clara su
inoperancia cómo gobernador y también deja entrever el nuevo
problema indiano. Era un problema jurídico, por el papel que
representan en la sociedad (súbditos o animales), y religioso, pues
sin son súbditos deben ser evangelizados. Solo los Dominicos
defendieron la teoría de la evangelización, auque la corona los vio
desde un principio cómo botín. La solución dada en 1503 sería la
de la encomienda (por Nicolas de Encomando), cuyo objetivo era acabar
con el feudalismo en aquellas tierras.
Aparecen
las primeras intervenciones claras de la corona, designando
funcionarios personalmente y permitiendo a otros marinos viajar a
tierras americanas, decisiones que defraudaron enormemente a Colon
pues su monopolio se veía amenazado.
En
el tercer viaje Colon obtiene el permiso para viajar a las
colonias. En 1498 se flotan 8 naves, las cuales siguieron la ruta del
sur por Sierra Leona, el Ecuador y América, llegando incluso a la
desembocadura del Orinoco en Venezuela. Pero los problemas en las
colonias continuaban, y el alcalde Roldan se sublevó al gobierno del
hermano de Colon. La llegada de este supone la pacificación a cuenta
de su prestigio. Esto provoca que Colon sea sometido a un “juicio
de residencia “, por el cual se le exigieron explicaciones acerca
de su gestión en las colonias; Colon será derogado cómo
gobernador. Bobadilla, a la espera del nuevo gobernador, poseerá la
autoridad. El nuevo gobernador, Obando, llegó con 32
buques y con intenciones de acaparar el poder y crear una
administración fuerte. Reglamentó los tributos e impuestos, de los
que se encargarían tres funcionarios, decretó que los colonos
debían fundar nuevas ciudades y recibirían tierras por las que
pagarían el diezmo a la corona. También se les animó a buscar oro,
del que concederían “el quinto” a la corona. También él
traería cambios a la situación de los indígenas. A estos se
les hacía trabajar para el colono pero cobrando un salario (la
encomienda).
Desde
el punto de vista mental, el descubrimiento planteó varias dudas,
entre ellas la de que la religión católica era la única, idea
negada con la variedad de religiones indígenas. Algo si quedó claro
y fue la reciprocidad de culturas. Si la dominadora influyó, también
los dominados influyeron. Ese proceso se potenció en las zonas más
densamente pobladas. El mestizaje comenzó a darse con frecuencia,
tanto que supone una causa de la reducción de la población
indígena. Hubo cambios en las costumbres, hábitos, maneras de
vestir, etc. Las formas de organización indígena se irán
desvaneciendo o transformando. Los mitos religiosos serán apartados
ante la nueva religión católica e inclusive fusionados.
La
justificación del nuevo asentamiento por España fue basado por dos
ideas:
- El derecho Romano o de conquista.
- El derecho papal, que puede otorgar tierras.
A
ello se opondrán Francia, Inglaterra y los defensores del indígena.
Pero el mayor enemigo fue Portugal con su deseo de revisar los
tratados de la división del mundo y las tierras descubiertas. Para
solucionar el problema el Papa Alejandro VI otorgó cinco bulas
en 1493:
- I Intercaetera: otorga el dominio para Castilla.
- Eximiae Denoius: se equipara a Castilla con Portugal en el tema africano.
- II Intecaetera: se divide el nuevo mundo.
- Ris Pidelium: permite a Castilla enviar evangelizadores.
- Didum Sigvidem: el dominio de Castilla se extiende a todas las tierras indias.
El
Tratado de Tordesillas, 7 de junio de 1942, desplazará 370 leguas al
oeste la línea del meridiano, con lo que Portugal obtiene la
Brasilia.
La España de los Reyes Católicos
La
unión de los reyes católicos se hizo bajo tres principios:
territorios, fueros y cortes. Serán respetadas dentro de las dos
entidades en las que se mueve. Es una entidad plural. A
finales del siglo XV culmina la reconquista, se descubre América, se
conquistan las Canarias y se anexiona Navarra. Se irá formando
España.
Los
cronistas de la época o se centraban en la historia del
pasado o en la historia de los reyes. Se ensalzaba los valores
comunes de las dos coronas, y se fomentaba los principios de la
cultura nacional. Los historiadores se pusieron al servicio del
poder. Esa idealización de los reyes católicos ya partía de sus
hazañas en vida. Este esfuerzo iba encaminado a legitimar a la reina
de Castilla, salida de una batalla. Vinculan su imagen a la religión,
cayendo en lo mesiánico. En los siglos XVI y XVII destaca este tipo
de historiografía, ensalzando cada vez más la figura de Fernando.
En el siglo XVIII y XIX será la figura de Isabel la que gane en
importancia.
El
debate se polariza en torno al estado (un concepto que surge
de las revoluciones burguesas). Algunos historiadores hablan de
dividir estado de monarquía. Son dos monarcas que patrimonializan 2
reinos, sin existir sentimiento nacional común. Otros hablan de
organismos centralizadores y de soberanía. John Elliot las llamó
“monarquías compuestas”, destacando su pluralidad. Otra cuestión
es el nivel de integración, los vínculos, las alianzas entre los
nobles, aunque cabe destacar que la política exterior fue llevada en
común. El modelo impuesto para reinar los dos reinos será el
federativo catalán, pero Castilla se irá imponiendo al resto.
Rodríguez
Sánchez lo llamaba un “mundo político no terminado”. La idea
del poder absoluto en Castilla es teórica, pues había poderes con
intereses.
España
era un término que hablaba de entidad geográfica. Los cronistas
relacionaban este término con Castilla, heredera del reino Godo. Era
un imperialismo cultural. De él trata de defenderse Cataluña,
reclamando también la herencia Goda.
La consolidación de
los regionalismos
Las
nuevas formas de gobierno en la España moderna fueron las bases para
los futuros regionalismos. Las realidades más próximas del
campesino de la edad media era la familia, la comunidad y la
administración. A partir de los reyes católicos, entre monarquía y
reino surge un escalón intermedio, con el cual poder gobernar más
eficazmente. El Concejo fue el elemento que funciono al frente
del reinado. En un escalón intermedio aparece la provincia.
Ya desde la edad Media los concejos de núcleos de alta densidad de
población tenían un ámbito de influencia mayor (la Villa). Esta
tendencia se mantendrá hasta principios del SXIX. Se formaron 3
maneras de unión jurisdiccional:
- Mantenimiento de las regiones fórrales: Las regiones independientes que se unen al reino mantienen su estatus jurídico, con autonomía fiscal y hacendística.. Estas regiones evolucionaran a un refuerzo de los órganos administrativos propios debido a las necesidades de la monarquía, sobre todo en el tema defensivo (frente a Francia). En el Siglo XVIII se implanta los “Decretos de nueva planta”, por los cuales los territorios de Aragón no serán considerados cómo territorios de Castilla. Se ponen bajo control directo del rey, identificándose con la centralización, aunque mantuvo sus circunscripciones. Se creará la figura del representante del Rey, el intendente, también las figuras del capitán general y de la audiencia. Es solo una centralización administrativa, no regional.
- “Ex Nihilo” o entidades territoriales y militares: Se dan con la creación de nuevas regiones administrativas. En Galicia no existe red urbana que controla el territorio, por lo que se establece una capital general, con audiencia, en A Coruña. También, con Felipe II, se establece el tribunal de la Inquisición en Pontevedra. Obtendrán representación en las cortes. En 1711 se establece la primera intendencia de armas del país. En Extremadura no existían límites específicos hasta finales del SXVI. Tampoco tenían representación en las cortes. Su división actual es debido a la armada. En 1640 se fija un capitán general que vigile la frontera con Portugal. En 1651 tiene representación en cortes, sucediendo lo mismo con Asturias. Luego vendrá la tesorería y la audiencia, presidida por el Capitán general.
- Zonas de influencia urbana transformadas en provincias: Sucede cuando la Villa se convierte en centro de la provincia. El peso de las ciudades era importante en la corona de Castilla, aunque con el tiempo se reforzarán los contornos. En Castilla la clave la tiene la fiscalidad y su forma de obtener recursos dividiendo en 18 provincias fiscales. Cada una se corresponde a la ciudad con representación en cortes. Estas aglutinaban circunscripciones según criterios fiscales (cada impuesto, una circunscripción). Pero no todos los impuestos tenían circunscripciones, por lo que la monarquía trató de racionalizar el cobro de impuestos. Restó autonomía a las cortes y colocó a un funcionario real en cada provincia, con el objetivo de reducir la dependencia fiscal de las cortes. En el SXVII surge el “Superintendente de rentas reales y de Millones”, las rentas provinciales y la fusión de los impuestos, al fundir los territorios. En 1691 surgen las “provincias de millones”. En el SXVIII se generalizan los intendentes, los cuales controlaban los aspectos fiscales. En 1750 se instauraron 4 grandes administraciones fiscales en Castilla: rentas provinciales, generales o aduanas, regalía de la sal u regalía del tabaco. Albacete estaba incluida en Murcia, y por la mancha, hasta Valdepeñas. En 1799 se fusionan estas administraciones fiscales correspondiéndose con las provincias de rentas. Culmina con Javier de Burgos, que en 1833 delimita el territorio en las 50 provincias, atomizándose las estructuras provinciales.
La
corona potenció los sentimientos regionales. Ciertas unidades
territoriales, a causa de las presiones externas, reforzaron su
sentimiento de unión. En el SXVIII se planteó al País Vasco
cómo un problema común debido a la dificultad en la recaudación de
impuestos. En El SXIX se unen los vascos ante la invasión de sus
fueros por el gobierno central.
La idealización de un reinado
A
finales de la edad media había 5 reinos: Castilla, Aragón,
Portugal, Granada y País Vasco. El reino de Castilla poseía una
mayor extensión territorial, 2/3 partes de la península, aunque
Aragón tenía una mayor población. En el SXIII la reconquista toma
un impulso definitivo, proyectándose Castilla sobre Andalucía y
Aragón sobre Valencia. Únicamente Granada es Árabe. Gracias a las
repoblaciones se consolidó una oligarquía latifundista.
La
sociedad castellana obtuvo una mentalidad luchadora
frente al infiel, una mentalidad militarista. La reconquista fue
llevada por la nobleza, el clero y el ejército. Aparecieron los
latifundistas cómo una minoría. La forma de riqueza derivaba de la
ganadería. Dichos ganados descendían del sur. Para guardar los
intereses de esa oligarquía se creó el “Honrado Concejo de la
Mesta”. Pero no todo era positivo, pues se sufrió varias pestes,
guerras nobiliarias y “terremotos” sociales. La monarquía
siempre vivía enfrentada a esta oligarquía, desgastándose la
primera. Al final de la edad media encontramos un caos político. Las
Cortes no tenían mayor importancia, pues el rey no tenía la
obligación de convocarlas regularmente. La nobleza y el clero no
pagaban impuestos, no así el tercer estado que permanecía solo en
las cortes.
En
cambio, en Aragón, el máximo órgano de representación
frente al rey eran las Cortes. Estas se componían de tres brazos: la
nobleza, el clero y el tercer estado. La proyección expansionista de
Aragón era hacia el Mediterráneo y hacia Valencia. Esta corona
reunía varios reinos: el reino de Aragón tenía poco peso y de
carácter agrícola; el de Valencia se parcelaba en pequeños colonos
aragoneses y catalanes que convivían con los mudéjares; Cataluña
era la más dinámica, aportando un imperio y un sistema político de
pactos (el rey convocaba las cortes con regularidad). El monarca
debía convocarlas con regularidad. Aquí no estaba solos el tercer
estado, pues le interesaban a los otros dos poderes unirse frente al
rey.
La unión de las Coronas
El matrimonio entre Isabel y Fernando supuso la unión
dinástica de las coronas, no así la política. Cada rey gobernará
en su reino, aunque Fernando si tuvo alguna intervención en
castilla, pero siempre delegado por la Reina. La Reina no intervino
en Aragón.
A finales del siglo XV, en Aragón se sucedió una guerra
civil. La monarquía de los Trastámara ocupaba la corona. Alfonso V
reinaba desde Nápoles sobre un virrey. Este suceso, unido a la
crisis agraria, que enfrento a los Pageses contra los nobles, y el
quiebro de varias bancas, pudo provocar un ambiente de tensión.
También existía un enfrentamiento entre la Biga (oligarquía
urbana) y la Bulga (gremios). Juan II sucedió a Alfonso V en el
trono. El nuevo rey fue, junto a su hijo Carlos, protagonista de la
guerra civil aragonesa. La guerra de 1466 es causada por el
deseo de Juan II de que un hijo procedente de otro matrimonio
reinara. Este nuevo hijo era Fernando. La guerra acabó estallando
cuando Carlos muere en prisión y Juan II es declarado culpable por
parte de los seguidores de Carlos. Fue una luche entre monarquía y
Generalitat. La crisis se acrecentó con el conflicto frente a
Francia por el Rosellon y la Cerdaña.
El enlace se hace en secreto, debido a las amenazas que sufre
Isabel por parte de su hermano. Ella fue llevada a Valladolid, al
igual que Fernando. Ante la falta de posibles tuvieron que pedir
dinero a los judíos ricos. A la boda se oponían los franceses y los
nobles de Castilla, que veían perder el poder que disfrutaban con un
rey débil. A favor estaba Juan II de Aragón y el arzobispo de
Toledo.
En 1475 Enrique IV es destronado por los Pacheco y el
Arzobispo de Toledo en su hermanastro Alfonso, de 11 años. Al morir
este, en 1468, Enrique IV reconoce cómo heredera a Isabel, una
decisión que contó con el beneplácito del marques de Villena, los
Pacheco y el arzobispo de Toledo, en el tratado de los “Toros de
Guisando”.También desheredó a Juana la Beltraneja, pero sin
declararla ilegítima. Pero con la boda entre Isabel y Fernando, en
1969, Enrique IV rompe su acuerdo y deshereda a Isabel, con la que
tenía planes para el rey de Portugal y nombra heredera a Juana,
haciendo estallar la guerra civil (1475-1479). Poco a poco se
aclararon los dos bandos:
- Isabel, los Mendoza y los Enrique.
- Enrique IV, los Pacheco, el Arzobispo de Toledo y Ponce de León. Estos últimos irán en contra de la posibilidad de un rey aragonés.
En 1474 muere Enrique IV, proclamándose reina Isabel y provocando la
reacción de Felipe V de Portugal, que reconoce a Juana cómo reina.
En la batalla de Toro de 1476 Fernando demostró su valor
estratégico, fortaleciendo la monarquía y provocando el cambio de
bando, de los señores, al suyo. Francia interviene apoyando a
Portugal para que invada Castilla y le ceda Aragón. En 1479 se firma
la paz en “el tratado de Alcaçovas”, donde se consigue
una relación de futura estabilidad con Portugal gracias a una
política de matrimonios. Muere Juan II de Aragón, heredando
Fernando la corona y uniéndose los dos reinos.
La imposición de la autoridad real y la
reorganización político-administrativo
La fusión de los reinos no fue paralela a la de los monarcas. En la
reorganización política de Cataluña
fue Fernando el principal protagonista, desde lo social e
institucional.
En lo social dio preferencia al conflicto entre paçenses de remença
y señores, solucionándolo con la “Sentencia de Guadalupe” de
1486. Algunos la han visto cómo un código rural de Cataluña. Al
abolir los malos usos los señores obtuvieron una indemnización y la
propiedad de la tierra, aunque el campesino poseía el uso efectivo.
También hizo cambios en la elección de los componentes de las
instituciones, por medio de “el sorteo”, para la Generalitat y el
Concejo de Barcelona. En definitiva lo que hizo fue restaurar el
antiguo sistema de gobierno catalán.
En lo institucional se sucedieron cambios administrativos, forzados
por el absentismo del rey en Aragón. Se nombraron virreyes. También
se restauró la vieja “curia regis” para convertirla en el
Consejo de Aragón, que estaba formado por un vicecanciller, cinco
regentes u un tesorero.
El modelo aragonés servirá de modelo servirá de ahora en adelante
a Castilla para su política expansionista debido al
acaparamiento de tierras. Destaquemos que la unión de las personas
superó a la unión de los dominios.
Desde lo práctico la hegemonía era castellana, no solo por su
posición dominante, sino también por las corrientes ideológicas.
Se comenzará una castellanización de los cargos. Fernando si se
ocupó de los asuntos de Castilla, siempre delegado por la reina; no
así Isabel que no participó en los de Aragón. Cuando ella muere,
Fernando tubo entonces problemas para gobernar.
Solo una institución pudo intervenir tanto en tierras catalanas cómo
castellanas. Esta fue la inquisición, aunque los funcionarios en
Cataluña eran catalanes y en Castilla castellanos.
En su intento de consolidar la monarquía llevaron a cabo una
serie de reformas o hechos:
- El primero se trataba de sujetar a la nobleza, basándose en erradicar los conflictos señoriales y el bandolerismo nobiliario de lugares cómo Andalucía y Galicia. Algunos señores, cómo el marques de Villena, fueron sometidos. Se incorporaron los maestrazgos de las órdenes militares. También controlaron los municipios nombrando corregidores y estableciendo la Santa hermandad. Siguió jugando con las cortes al apoyarlas para luego no convocarlas. No se incrementaron los impuestos, pero si hubo cambios en las formas de recaudación, que aumentaron la misma.
- Luego estableció un régimen polisidonal de consejos. Con ellos pudo satisfacer las necesidades que la aplicación de los fueros llevaba, hacer frente a la hacienda y formar un ejército. Se creó el Consejo Real de Castilla, órgano de gobierno y administración del monarca, con competencias diversas (legislar, juzgar...). Estos Consejos se partirán en salas. Cobraran importancia los letrados, cómo los del Consejo de Castilla, que lo formaban nueve letrados, además de un obispo y tres caballeros. Desde 1480 el consejo, al alejarlo de la influencia de la nobleza, quedó al servicio de la corona y se profesionalizó. El otro consejo importante fue el Consejo de Aragón, anteriormente visto.
Otra figura importante fueron los secretarios, intermediarios entre
el rey y el consejo. La hacienda fue reorganizada sistematizando el
sistema fiscal a tres niveles:
- Asuntos contables, gestión e intervención (Contaduría Mayor de Hacienda).
- Recaudación.
- Fiscalización de la gestión hacendística.
Se ordenaron los impuestos en dos:
- Ordinarios, que gravan conceptos cómo el comercio (la Alcabala).
- Extraordinarios (de la iglesia, Cortes).
- Granada era el último reino “infiel”. El proceso de reconquista sufrió un parón en el siglo XIII, hasta el siglo XV. La guerra de Granada fue dura, sangrienta y larga (1482-92). El peso de las acciones las llevó la infantería. Cabe destacar la importancia de la estrategia y la diplomacia. La financiación de la guerra, por medio de impuestos y préstamos de los señores, fue costosa, alcanzando los 800 millones de maravedíes. Tras la reconquista, Granada fue gobernada por tres personas, siendo una de ellas el arzobispo Tendillo, el cual respetó las costumbres musulmanas. Tras la firma de la paz, los musulmanes conservaron todo, incluso con la marcha de Boabdil en 1493. el problema surgió con el cardenal Cisneros, en 1499, que hizo bautismos forzosos, provocando el levantamiento de las Alpujarras y el Albaizín. En 1502 se firmó la pragmática por la cual serían expulsados si no se convertían. Los que se quedaron fueron llamados moriscos o “cristianos nuevos”. Con ellos se ejerció cierta tolerancia hasta 1609.
Hacia la uniformidad religiosa
En la política eclesiástica se realizaron cambios en el seno
del clero. Para acabar con el poder de la iglesia, el rey intervino
en la jerarquía eclesiástica, presentando una lista al papa de
posibles obispos, elegidos por él, que dirigirán las diócesis. La
inquisición, además de religioso, era un organismo político y
cultural; un órgano de control. En Castilla se fomento el
antisemitismo, por el ascenso social de los judíos. Entre ellos
existían dos grupos:
- Los conservantes, 200.000 judíos que conservaban sus leyes y costumbres.
- Los conversos, 250.000, divididos en judaizantes, tibios, sinceros y fanáticos, en orden de menor a mayor conversión.
Al principio las persecuciones se dirigirán hacia los judaizantes,
destacando los fanáticos y los deseosos de la inquisición cómo
perseguidores. Estos “nuevos cristianos” actuaban así por ver
peligrar su posición. En 1478 se establece la nueva inquisición.
Los judíos serán expulsados en 1492, los que permanecieron se
convirtieron en “cristianos nuevos”, aunque siempre fueron objeto
de discriminación en los cargos públicos, bajo permanente
vigilancia. A los “relajados” se les hacían autos de fe,
mientras que a los arrepentidos se les ajusticiaba con el “garrote
vil”, para después quemarlos. A los no arrepentidos se les quemaba
vivos.
La inquisición era de dos tipos:
- Apostólica, dependiente del Papa.
- Ordinaria, dependiente del obispo.
Al crear la nueva inquisición para solucionar el problema converso
se nombró un inquisidor general, elegido por el papa, a consejo del
rey. Se creó también el Consejo de la Suprema Inquisición,
aconsejador del inquisidor general. Entre 1480-92 se constituyeron la
red de tribunales ordinarios por toda la península. El organigrama
de la inquisición era el siguiente:
Casi siempre, salvo en caso de obligación por causa mayor, el
inquisidor general, un obispo, ostentaba el cargo de por vida. Este
encabezaba la suprema, formada por cinco miembros elegidos por el
rey. Existían dos: uno en Castilla y otro en Aragón. También había
alguaciles, porteros... . Los consejeros del tribunal de distrito
eran letrados, con posibilidad de llegar a obispos y formar parte de
la suprema. Existían 20 Tribunales de Distrito, delimitados y
homogéneos en Murcia, Granada, Valladolid, Santiago, Toledo,
Zaragoza, Valencia, Lima, México... . Tenían dos secciones:
- El Tribunal de la Fe, formados por cinco inquisidores y un fiscal general, todos ellos con su debida formación judicial y eclesiástica. También estaban los seis secretarios, el alguacil, el portero, carcelero y receptor (recibía los bienes del reo). Poseían edificio propio con dos cárceles: la secreta, para los que estén en recurso y la penitencia, para los que deben cumplir pena.
- El tribunal de recaudación, que recibía las multas y bienes de los condenados. Fue decayendo porque hubo menos causas en las que había penas de confiscación.
Los colaboradores eran nombrados por un tribunal de distrito. Fuera
de la sede capital del tribunal estaban los comisarios, que llevaban
a cabo los deseos del tribunal. Para ayudarles se creó los
familiares del santo oficio, gentes de confianza que denunciaban los
casos de herejía. Luego estaban los calificadores que asesoraban al
tribunal en temas de fe. Los notarios redactaban los documentos
oficiales. Cualquiera de ellos debía de ser limpio de sangre, no ser
cristiano viejo, demostrando con ello que era un grupo muy elitista.
El tribunal se financiaba de forma autónoma, por las confiscaciones
y multas, bajo el consentimiento del rey. La autonomía de la
inquisición partía de su simple intervención en la parcela
religiosa, no en lo político. Pero hubo coincidencias entre fines y
actuaciones por parte de la corona e iglesia. Esta posibilidad de ver
a la inquisición cómo un implantador de poder creó el recelo de la
corona, y más alarmantemente en la de Aragón, pues allí fue vista
la inquisición cómo un contrafuero de primer orden. Así el rey
utilizó en contadas veces a la inquisición cómo arma política.
Otro de los fines de la inquisición era el de la homogeneización
cultural. El tribunal reprimió a las minorías culturales y depuró
los ámbitos culturales. Se fueron configurando unos rasgos comunes.
Desde lo sociológico la inquisición era la salida de la familia
media para uno de sus hijos a los peldaños más altos de la escala
social, eclesiástica en este caso. Si se conseguía esto, la próxima
generación partía de un escalón más alto. Esto falsea la idea de
una sociedad poco dinámica.
La política exterior y dinástica
La política exterior irá unida a la política matrimonial. Es una
política de tradición Aragonesa, es decir, anti-francesa, en contra
de las buenas relaciones de Castilla con este país.
Aragón tenía conflictos con Francia por la Cerdaña y el Rosellon,
además de Sicilia y Navarra. Carlos VIII quiso apoderarse de
Nápoles, pero Fernando hizo buena su causa de heredero del reino de
Nápoles. Además nos encontramos con el Papa que no deseaba ver tan
cerca de Roma los ejércitos franceses.
En
esta guerra usaron dos fuerzas muy distintas, la de las armas y la de
la diplomacia, enviando embajadores a casi todos los países. Al
crearse la Santa Liga, con Inglaterra, España y el Papado, Francia
quedó totalmente aislada en su causa. Las derrotas del ejército
español provocaron la restauración del ejercito por parte del Gran
Capitán (Tercios, artillería...). Finalmente en el tratado de Lyón
Aragón obtenía Nápoles.
Navarra
fue cedido a los Foie y Alberez, amigos de la casa real de Francia.
En 1512, Fernando con el primer duque de Alba conquista el sur, hasta
llegar a los Pirineos. Se integra cómo territorio autónomo.
Tras la conquista de Granada, los reyes católicos, en especial
Fernando, llevaron a cabo una política expansionista basándose en
tres pilares fundamentales:
- Un ejercito profesional que había evolucionado de las milicias que lucharon en Granada a un nuevo ejercito basado en coronelías organizadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán (1453-1515), el cual puso las bases de los futuros tercios.
- Una política de pactos matrimoniales cuyo fin era buscar el aislamiento de Francia. Así su hijo Juan se unió en matrimonio a Margarita de Austria, y su hija Juana también llegó a formar parte de la casa de Austria casándose con Felipe. La princesa Catalina se casó con Arturo, heredero de la corona Inglesa y a su muerte esta se casó con su hermano Enrique VIII.. También iniciaron una política de acercamiento a Portugal con el matrimonio entre su hija mayor Isabel y Alfonso, heredero de la corona, y, a su muerte, con su hermano Manuel.
- La creación de la figura del embajador, informadores y negociadores, en distintos lugares de Europa: Roma, Venecia, Londres, Bruselas y Viena.
Fernando
heredó de la corona Aragonesa ese deseo y amor por el mediterráneo,
y en especial a los estados Itálicos; pero nunca incomparable al
“amor” mostrado por Nápoles de Carlos VIII, rey de Francia.
Un periodo de
debilitamiento político: regencias e interinidades, 1504-1517
En
1504 muere Isabel y queda regente Fernando. Este tendrá que salir de
Castilla al no contar con el beneplácito de los nobles y será
Cisneros el regente hasta la llegada de Juana. La nueva reina no
estaba capacitada para gobernar y será Felipe el Hermoso
quién ostentará la corona. Pero en 1506 muere y de nuevo Cisneros
llamará a Fernando que reinará hasta su muerte en 1516. Carlos I de
España será su sucesor. Este nombramiento será forzado por los
flamencos que veían perder el trono en beneplácito del hermano de
Carlos, Fernando, que ya se encontraba en Castilla.
La
situación era tensa, pues existían 3 fuerzas que aspiraban al
trono: Juana, Fernando, hermano de Carlos y Carlos I. Cualquiera de
los tres podía ser rey pues ya lo eran de otras tierras y poseían
un respaldo económico. Pero los electores no estaban convencidos de
la elección de Carlos I. Durante la regencia de Cisneros se vio que
los nobles no querían a Fernando sino a Carlos, un rey joven
y fácil de manipular. También las tensiones se vivían dentro de la
propia nobleza, provocando enfrentamientos entre ellos., Cisneros
tuvo que crear una milicia para restablecer el orden, aunque fue en
valde.
Uno
de los secretos del éxito de los reyes católicos fue el mantener el
equilibrio entre los intereses de todos. Este equilibrio se rompe con
el enfrentamiento entre comerciantes y productores de lana. La
causa es que los comerciantes fomentaban la importación de lana de
Flandes, perjudicando a los productores. Esta situación duró mucho
tiempo, pues beneficiaba a ganaderos terratenientes y a Carlos I, que
nunca perjudicó los intereses de su tierra natal.
La
extensión de la burocracia estatal iba ligada a la
corrupción. Los cargos en la administración habían sido elegidos
por Fernando, así que eran personas de su confianza y ganadoras de
su favor. Cisneros intentó quitarles sus privilegios, con lo que
huyeron a Flandes, a la corte de Carlos. Ahora había dos gobiernos:
Castilla y Cisneros, por un lado y Flandes y los nobles castellanos
por otro. Era la situación tan alarmante que Burgos decidió auto
convocar cortes para elegir nuevo rey, cosa que solo podía hacerlo
él.
Cuando
Carlos llega el otoño del 1517 se encuentra con inestabilidad
de precios, hambre y escasez de alimentos. La nobleza se ha hecho
fuerte y el estado está en descomposición debido a la corrupción.
Cisneros intento reunirse con él para ponerle al tanto de la
situación, pero los camarillas de Carlos lo evitaron. Carlos
llegó con sus gentes de confianza y con los castellanos que habían
huido. Sus primeras intenciones eran las de desviar dinero de las
Américas para las guerras de Flandes, colocar a sus familiares en
los puestos importantes de la administración y nombrar a su sobrino
Chièvres arzobispo de Toledo. El dinero para el viaje y otras causas
le será prestado por la casa de banqueros Fugger, un favor del que
se verían bien recompensados con cargos y otros favores.
Castilla
sospechaba que este nuevo rey le iba a embarcar en empresas que no
convenían a la corona; y su sospecha se hizo realidad cuando el
nuevo rey convocó las cortes para conseguir el servicio de más
dinero para su coronación cómo rey de Austria. La respuesta de las
ciudades fue negativa. Tras la indignación, en Salamanca, se
promulgaron tres reivindicaciones:
- Que no impusiera más impuestos.
- Que no sufragara los costes de su política imperial con dinero castellano.
- Que cumpliera con las exigencias de sus vasallos, de lo contrario estos se sublevaran.
La
rebelión de las comunidades había estallado. El bando de los
comuneros lo formaban una parte de los núcleos urbanos, a pesar de
que la mayoría estaba gobernado por un patriciado urbano, el cual
provocó dicho levantamiento. Todas las ciudades eran del interior.
Otro componente era el rural, que reivindicaba su situación frente a
la nobleza. Esta por supuesto apoyó a Carlos I, al igual que el alto
clero; el bajo clero estuvo con la causa comunera. El fondo de las
proclamas comuneras era el buen gobierno del rey y mantener su
“status quo”. También existió un componente religioso al
reunirse las ciudades en comunidad y formar la Santa Junta. Esta
rebelión tomó un serio cariz cuando los dirigentes de las ciudades
se reunieron en Tordesillas. Las ciudades más importantes, cómo
Valladolid, Segovia, Burgos y Toledo se levantaron. En el campo
existió un componente anti señorial. Se invadieron o quemaron los
campos.
Cuando
fracasó el movimiento, los nobles recibieron recompensas obtenidas
de los impuestos que se gravaron en las ciudades. También fue el
final de las rebeliones en Castilla durante su reinado. Las Cortes se
vieron derrotadas e inutilizadas.
Otro
problema para Carlos V fueron las Germanías. Se sucedieron en
Valencia y en las Baleares, fundamentadas en problemas económicos y
sociales. Mostraron tintes de revuelta y rebelión. Los protagonistas
fueron los gremios por una parte – enfrentándose artesanos y
comerciantes- y los musulmanes- viéndose aquí enfrentamientos, por
las tierras, entre nuevos y viejos cristianos. Los gremios estaban
armados, pero el rey contó con el apoyo de la nobleza y con el de
los dirigentes de los concejos o “Ciudadanos honrados”.
Los
deseos de los artesanos eran el cambiar el sistema de elección de
los concejos, monopolizados por la oligarquía. También la
posibilidad de ocupar cargos y reconocerles cierto ennoblecimiento.
Otra causa fue la presión fiscal y los abusos nobiliarios.
Al
final el poder de la nobleza se impuso y los mudéjares fueron
bautizados de forma forzosa, para evitar que el grupo de cristianos
viejos aumentara y con ello su poder.
jueves, 2 de mayo de 2013
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viernes, 26 de abril de 2013
miércoles, 24 de abril de 2013
Fernando el Católico y la guerra de Nápoles
La
raíz de la guerra
de
Nápoles
hay que buscarla en el transcurso de la guerra civil catalana, donde
Juan II de Aragón cedió al rey francés Luis XI los condados del
Rosellón y la Cerdeña; pero en 1493 los condados fueron devueltos a
España por Carlos VII, en el tratado de Barcelona, a condición de
que Fernando no interviniera en Italia. Así las tropas francesas,
con su rey a la cabeza y un séquito de nobles, los cuales
amortizaron la empresa, tomaron Nápoles. Los demás príncipes de
Italia temieron que la toma de Nápoles se extendiera por el resto de
la península itálica. Pero fue el rey Don Fernando, quién enviando
a Lorenzo Suarez de Figueroa a Venecia y a Juan Deza a Milán, el que
provocó una unión de estados contra el invasor francés. También
se trajo a los ingleses hacia su causa con pactos matrimoniales. La
alianza anti-francesa estaba formada, tan solo faltaba cubrir los
gastos, para lo que se constituyeron Cortes en Castilla y Aragón, a
las que asistió el mismo rey. La Liga se hizo llamar Santa tras la
incorporación del Papado; duró 25 años y entre todos juntaron un
ejercito de 34.000 a caballo y 28.000 infantes. Su objetivo a ojos
del resto de Europa era el de defender la Iglesia y sus estados.
La
armada española se reunión en el puerto de Mecina, dirigida por el
Duque de Trivento. Allí acudieron Don Alonso y Don Fernando, Gonzalo
Fernández de Córdoba tardo algunos días debido a problemas con la
tripulación. Este último tuvo algunas contrariedades con el rey
debido a que Gonzalo pretendía mantener posiciones en la región de
Calabria, gobernada por el señor de Aubeni, capitán francés, la
cual estaba casi ganada y el rey quería llegar cuanto antes a
Nápoles para encontrar en la ciudad al rey francés.
Finalmente
fueron a Semenara, donde tenía acorralados a los franceses, pero las
derrotas a manos de Aubeni provocaron un rápido cambio de idea, con
lo que las tropas se dirigieron hacia Nápoles. Gonzalo Fernández se
fue a otras partes de Calabria, donde se apoderó de varias plazas.
Mientras el rey, con 60 naves y partiendo de Mecina, llegó a
Nápoles.
Los
señores de Persi y de Aubeni se pusieron de acuerdo para que el
primero se fuese al encuentro del señor de Mompensier en el
Principado, donde harían la guerra, y el segundo se quedase en
Calabria. Con esta estrategia los franceses no encontraron obstáculo
alguno y se hicieron señores de los territorios que encontraban en
su camino llegando incluso a cobrar aduana a los ganaderos. Los
franceses se estaban haciendo fuertes y era importante hacerles
retroceder. Así, a petición del rey, Gonzalo Fernández tuvo que
abandonar la región de Calabria y acudir a la cabeza de la guerra,
dejando en su puesto al cardenal don Luis de Aragón, primo hermano
del rey. Mientras tanto los Franceses habían puesto cerco a
Jerecelo, a diez millas de Benevento, y el rey, como respuesta,
también puso cerco a Frangito, donde había una guarnición
francesa. El rey entra en la villa y la quema, ya que no puede perder
tiempo en saquearla. Con los ejércitos a la vista, cada uno en un
cerro, separados por un valle, el rey no intento atacar hasta que sus
fuerzas no fuesen superiores, momento que pasaba por la llegada de
Gonzalo Fernández. Pero ante la entrada del ejercito francés en
Atela, un pueblo cercano, tuvo que entrar en conflicto. Cuando
Gonzalo Fernández llegó junto al rey, este había perdido la plaza
principal. El recién llegado observó la disposición de aquel lugar
y ordenó acometer contra la guarnición francesa que guardaba unos
molinos, acabando con sus víveres. Tras esta inteligente acción,
Gonzalo Fernández pasaría a llamarse “El Gran Capitán”.
El
cerco se apretó dé tal manera que el señor de Mompensier, de
Ursino y Persi acordaron rendirse si en treinta días no recibían
ayuda de Francia, y a cambio el rey español les permitiría marchar
tranquilos. Pero el final que lo sfranceses habían programado fue
diferente, Mompensier falleció debido a una enfermedad, y Ursino,
por mandato del Papa, fue ejecutado. El gran Capitán obligó a
Aubeni abandonar Calabria, aconsejándole que sería mejor volver
cómo un valiente caudillo con poca fortuna y no correr la misma
suerte que sus compatriotas. Por
lo de Nápoles el Papa dio sobrenombre de “Católico” al rey de
España.
En
una segunda
etapa de la guerra de Nápoles
Fernando el Católico se enfrentará a Luis XII, a causa de la
ruptura del tratado (Granada 1500) con el que se repartían del reino
Napolitano. El rey Francés se sintió agraviado por el “injusto”
reparto ya que le habían tocado las provincias que menos fuerza
económica tenían; pero el rey Español entendía que le habían
tocado buenas tierras. Así la guerra volvió a llamar a los antiguos
protagonistas. El Gran Capitán se apoderó de la villa de Tripalda,
a 30 millas de Nápoles, al igual que otros capitanes que se
apoderaron de las villas de alrededor. Como represalia el rey francés
embargó los bienes a los españoles que vivían en sus tierras
italianas. Además el rey mandó de nuevo 1000 suizos y 200 lanzas
para hacer frente a la acometida española. Se apoderaron de Canosa,
perdida por el capitán Pedro Navarro, y Quarata. Todo ello a 12
millas de Barleta, lugar donde se encontraban los hombres del Gran
Capitán. Pero continuó siendo una guerra de desgaste y en Quarata
se les agotó los víveres y el agua, por lo que abandonaron el
pueblo no sin arriesgarse a entrar en batalla con los soldados de
Barleta, cosa que sucedió, perdiendo gran número de hombres. Debido
a ello los ejércitos franceses en Italia recibieron la ayuda de 1000
suizos y 400 lanzas más. Igualmente los españoles recibieron ayuda
con 2000 alemanes, y una armada llevada por Bernardo de Vilamarín,
con 200 hombres y jinetes. Pero las peticiones del Gran Capitán
aumentaron el contingente en dos armadas más: una de 400 lanzas, 200
hombres y jinetes, y 300 infantes, bajo las órdenes de Manuel de
Benavides; más tarde se envió al resto de la armada con 300
hombres, 400 jinetes y 3000 infantes, dirigidos por Luis
Portocarrero, señor de Palma.
Con
todo este potencial militar es normal que los gastos de la corona
ascendiesen a cifras abultadas, solo en temas de guerra; también es
normal que el rey acudiese a las Cortes tan asiduamente. Pero la
situación en Calabria había empeorado, y se debía responder con
premura a los ataques galos.
Era
tanta la importancia que el rey francés concedía a Calabria que el
número de caballeros aumentó; entre ellos destacaban de la Paliza,
de Alegre, de Arsi, de Nemurs y Aubeni. La acción fue inminente a
sus llegada, de Nemurs tomó Taranto, viniendo de Matera, sin ningún
impedimento en su camino, y desde allí se encontró con Aubeni en
Bari, para ya encaminarse a Calabria o apoderarse de Bitonto.
Mientras en el lado español el Gran Capitán tenía conocimiento de
que su petición de ayuda habían llegado al puerto de Mecina. Manuel
de Benavides llegaba con Antonio de Leiva, capitán muy tenido en
cuenta, los cuales se pusieron en camino hacia Melito, lugar donde se
encontrarían con don Hugo, hijo del Conde de Golifano. Desde allí
se dirigirían a Cosencia, no sin antes haber tenido algún encuentro
violento con soldados franceses.
Los
combates se sucedían y las campañas eran largas, con lo que de
nuevo surgió la idea de cobrar aduanan a los ganaderos, en la Pulla
concretamente, tanto a franceses cómo a españoles. Nemurs obtuvo el
monopolio de esas aduanas destruyendo el puente que cruzaba el río
Ofanto, a 4 millas de Barleta, donde estaba el Gran Capitán, con lo
que dificultaba la llegada a esa región. Mientras, el señor de
Aubeni sacaba de Terranova a Antonio de Leyva apoderándose de la
ciudad, antes ya tomada por don Hugo y Juan de Cardona. Estas
acciones llevaron gran fama al señor de Aubeni y consiguió que casi
toda la región de Calabria apoyara su mando.
A
pesar de conocer la llegada de Nemurs, el Gran Capitán, no quiso
entrar en batalla hasta que los alemanes llegaran, pero la falta de
abastecimiento le obligó a reaccionar. Envió diversas compañías y
escuadrones a las comarcas de la región, entre ellas la comandada
por el comendador Mendoza que fue enviado a Labelo, donde tenía
cierto control de los ganados que cruzaban la aduana. Ahora con
víveres (además de ganado recibían el trigo que llegaba al puerto
Siciliano), el Gran Capitán pudo entrar en batalla con los
franceses; la primera acción importante fue derrotar al señor de la
Paliza y apresarlo en la localidad de Rubo. Tras este palo a los
franceses, el Gran Capitán, deseoso de acabar con esta guerra,
ordenó una redistribución de las fuerzas: Milamarín permanecía en
el puerto de Mecina para guardarlo ( Luis Portocarrero llegaría
después para apoyarlo), Benavides, Luis de Herrera, Pedro Navarro, y
el obispo de Mazara deberían acudir a Barleta para encontrarse con
el Capitán. Nemurs también pensó en agrupar las fuerzas ante los
reveses sufridos, pero no fue escuchado, provocando consecuencias
nefastas: Arriaran pasó a cuchillo a los franceses de Manfredonia,
Luis de Herrera y Pedro Navarro mataron a otros 200 en Grutallas y
prendieron 50 en Taranto, Lezcano y los dos anteriores derrotaron y
apresaron al marqués de Bitonto... y otras victorias que dejaron
tocada la moral francesa e indujeron algunas alianzas con los
señores, marqueses (el marqués de Vasto) y ciudades (Abruzo,
Aguila, Capua, Castelamar, Aversa, Salerno,...) de la región.
El
fin de la guerra estaba cerca, pero ese fin pasaba por derrotar
definitivamente a las dos cabezas militares más importantes de
Francia: el señor de Aubeni y el duque de Nemurs.
Luis
Portocarrero llegaba por fin a las costas de Mecina, y desde allí a
Rijoles, para hacer la guerra por la Calabria, conforme a las órdenes
que traía de España. Aubeni, tras la aclamada victoria y por causa
de escasez de alimentos, decidió recogerse en Girachi. Portocarrero
entró en campaña y mando algunos capitanes a Terranova, desamparado
por los franceses; Aubeni salió a ubicarse sobre ellos hasta tal
extremo que se vieron escasos de víveres, por lo que Portocarreño
mandó a Fernando de Andrada a socorrerles por tierra y al almirante
Vilamarin, que colocó sus galeras frente a Ioya, para hacerlo por
mar. Llegando los españoles a Semenara el francés levantó el
asedio retirándose a los Casales. En Semenara se reunió un gran
número de soldados capitaneados por Benavides, de Leyva, Gonzalo
Dávalos, don Hugo y Juan de Cardona, dispuestos a dar en retirada al
francés; pero la muerte de Portocarrero, debido a unas fiebres, y el
nombramiento de Fernando de Andrada, estuvo a punto de provocar un
enfrentamiento entre los capitanes, pues don Hugo y don Juan de
Cardona anhelaban ese “honor”, y con ello devolver la ventaja a
los franceses; gracias al leal servicio del rey y al pundonor,
ninguno de los dos interpusieron sus codicias a la “codicia”
española. Además de este problema surgían otros de consecuencias
previsibles, así como los motines causados por el no pago de la
soldada, y la consiguiente no entrada en batalla. Pero este problema
se solucionaba con la venta de las joyas por parte de los capitanes
que obtenían de los botines, el pago de las poblaciones (para evitar
el saqueo), o el mismo saqueo cuando una de las otras dos fallaba.
Aubeni,
también cansado de esta guerra, decidió salir a plantear combate
con 300 hombres de armas, 600 caballos ligeros, 1500 infantes y más
de 3000 villanos. Los españoles salieron de Semenara con 800
caballos y 4000 peones. Ante tal número los franceses decidieron
retirarse a Ioya, pero con ellos se vinieron los españoles. Cercados
solo pudo dar palabras de ánimo a sus hombres:
“Si
contra ejercito tan pujante, y capitanes los más valerosos de Italia
salisteis con la victoria, distes muestra de la ventaja que hacen los
franceses a las demás naciones; será razón que contra unos pocos y
mal venidos soldados perdáis el ánimo? Perdáis el prez y gloria
que poco há ganastes? No lo permitirá Dios, ni vuestros corazones
tal sufrirán; morir si, pero no volver atrás; acordaos de vuestra
nobleza, del nombre y gloria de Francia”.
Al
amanecer, franceses y españoles, tomaron el campo al son de sus
trompetas y tambores. Los segundos decidieron parecer en retirada y
subieron río arriba, provocando un ataque atropellado y desordenado
de los franceses, al igual que su artillería, creando escasos daños
en las guarniciones españolas. Enseguida los españoles arremetieron
por la izquierda con su infantería, por la derecha con sus caballos
y por el centro los hombres de armas, acabando con la caballería
francesa. Esta reacción inesperada provocó la huida del segundo
escuadrón francés que iba a pie. Encerrado en Ioya, el de Aubeni,
junto con sus capitanes, se rindió.
Mientras,
en el otro frente, el Gran Capitán volvía a tener problemas de
aprovisionamiento con lo que decidió salir al encuentro del enemigo.
Decidió ir a Ceriñola, un pueblo situado a 6 millas de toda la
guarnición francesa. Fabricio Colona, Luis de Herrera y Diego de
Mendoza le acompañaban. Por el camino soportaron un gran número de
contratiempos, cómo el calor, la escasez de agua, la gran distancia
que tenían que recorrer y los ataques franceses (de entre ellos
destacaba el duque de Nemurs). Ya alcanzada su meta la contienda
comenzó. La artillería causó más daños a los franceses, clave
para que los arcabuceros alemanes y la infantería española
triunfara, el Gran Capitán cerraba la retaguardia para que la
victoria fuese completa. Los señores y duques fueron presos o
murieron, al igual que murió el duque de Nemurs. La
Calabria iba a ser un paseo militar hasta Nápoles.
El
Gran Capitán convenció a la ciudad de Nápoles que capitulara
pacíficamente pues iba a ser tratada con cortesía. Y la ciudad de
Nápoles se rindió al Gran Capitán. Todo fue refrendado en el
tratado de Lyon (1504) donde el monarca católico se convertía en
monarca del Reino de Nápoles.
viernes, 19 de abril de 2013
sábado, 13 de abril de 2013
viernes, 12 de abril de 2013
martes, 9 de abril de 2013
Cultura Clásica: Problemas para la República. Horatius Cocles. CAyo Mucio Escevola
Problemas para la
república:
No existía
igualdad. Los patricios poseían el poder, pero será arrebatado
por la plebe tras 2 siglos (509-300 a.c) de gobierno. Entre los
deseos de la población se encontraba:
- Aliviar las deudas.
- Conocer bien las leyes.
- Repartir las tierras: aeger publicum.
- Repartir el grano.
- Derecho a los matrimonios mixtos.
- Acceso a las magistraturas y al senado, cargos públicos... .
- Igualdad religiosa.
La barrera etrusca
que le impedía expansionarse hacia el norte. Los círculos de
hierro que impedía el crecimiento de la ciudad. Estos eran:
- Los pueblos independentistas.
- Sabinos, Elvos y Vosgos.
- Los Samnitas.
Pro
dolo: ¡ que lastima!.
Horatius Cocles.
El tuerto:
Clusium era una ciudad etrusca cercana a Roma, donde se refugiaban
los reyes etruscos expulsados. Allí eran acogidos por Porsenna, rey
de la ciudad. Este es influenciado por la conspiración que los reyes
etruscos llevaban a cabo contra Roma. Le hablaron de laposibilidad de que la plebe permanezca libre, pues en un futuro
podrían hacer lo mismo con el.
- Libertatem satis ipsam dulcedinis: la libertad contiene dulzura.
Al final Porsenna decide atacar Roma, trayendo para los romanos gran
pánico y miedo.
- Régimen aristocrático:
- 2 consules.
- 300 senadores.
- Comicios tributarios.
- foedus aegum: alianzas entre ciudades.
- Multa blandimenta: alagar.
Fue tal el miedo que la población quedo asustada, sin posibilidad de
reacción, lo que trajo la preocupación de los patricios que veían
la posibilidad de perder la ciudad sin resistencia. Para animar a su
pueblo estos ofrecieron formentum: grano,
sal y eliminar los impuestos a los pobres (pauperes,
satis stipendii penderent, si libero educent: a los pobres que
impuestos podemos pedir más que la educación de sus hijos.)
Todas esta medidas surtieron efecto y unió a la ciudad para
prepararse contra una ofensiva exterior. El punto débil de la
defensa era el puente, donde quedó apostado un pelotón, y al frente
Horatius Cocles. Los etruscos tras ocupar el Janículo se abalanzaron
sobre el puente. De los defensores huyeron gran número, quedándose
Horacio y dos más. A este se le ocurrió debilitar el puente a
golpes de martillo, quedándose el a la entrada del puente. El solo
se enfrento a los ataques etruscos, mirando de un lado para otro con
ojos fieros y torvos, respondiendo a las acometidas. Todo aquello
bajo el asombro de sus enemigos.
- circumferens truces minaciter oculos: mirando de un lado para otro torvamente.
En el momento más crítico los soldados etruscos se abalanzaron
contra Horacio, invadiendo el puente; este cayó con todos menos
Horacio que tubo tiempo de saltar al Tiber.
- Tiberiner pater, te sancteprecor haec arma et hunc virum propitio flumine accipios: oh, padre Tiber, te suplico que recibas estas almas en tus aguas.
Horacio logró pasar a la otra orilla a nado. Por su valentía el
pueblo le concedió 3 premios:
- Una estatua en el foro.
- Un trozo de tierra delimitada por el en el transcurso de un día.
- Cada ciudadano se despojo de algo personal para dárselo.
Cayo Mucio
Escevola, el zurdo. Cloelia:
|
Cayo
|
Mucio
|
Escevola
|
|
Prae-nomen
|
Nomen
|
Cog-nomen
(apodo)
|
- Scaenus, -a, -um: izquierda.
El asedio a la ciudad continuo. Asustados y hambrientos acudieron las
gentes de los pueblos limítrofes. El aumento de la población
provocó más penurias, carestía y hambre.
- Ob-sideo: estar instalado delante. Asedio.
- Victus, -us, Victualia: comida.
- Caritas, -atis: carestía.
- Fames: hambre.
Surge un joven inesperado, noble adolescente, que considera esta
situación vergonzosa y de necesaria solución. Acude al senado para
exponer su teoría: cruzar a nado el Tiber, entrar en el campamento y
acabar con Porsenna.
Salió de noche, sigilosamente, con el puñal entre las ropas, cruzó
el Tiber hasta llegar al campamento enemigo.
- Un campamento podía tener entre 4200-6000 hombres, divididos por secciones:
- 60 Centuriones.
- 30 Mampudes.
- 10 Cohortes.
Se mezcló entre los soldados hasta llegar a la tribuna, donde
estaban entregando el estipendio. Pero sobre el se hallaban dos
hombres con los vestidos púrpuras de un rey, y Escevola no conocía
a Porsenna. Decidió arriesgar y se abalanzó sobre uno, que resultó
ser el secretario; el valiente fue atrapado y llevado ante el rey. A
pesar de su error y de lo que le podía suceder, Escevola no parecía
temeroso, más bien temible (timendas quam
timidus). Ante el rey no ocultó su intención de asesinarlo y
le avisó de que vendrían 300 jóvenes más a intentarlo. El rey le
ordenó dar más datos acerca de esa conjura o de lo contrario sería
castigado con los fuegos de un brasero (turibulo).
El joven valeroso, sin pensarlo, introdujo su mano izquierda en el
brasero, demostrando que no tenía miedo. El rey ordeno apartarlo
rápidamente. Por su acción el joven se ganó la admiración y
libertad del rey.
Ante la idea de que le apuntasen 300 cuchillos cada noche, el rey
decidió hacer la paz con algunas condiciones: concederle rehenes
(senadores, hombres, niños, mujeres). Porsenna se retiró del
Janículo y Roma entregó los rehenes.
Dentro de ese grupo de rehenes se encontraba la doncella Cloelia.
Esta valiente muchacha, con inteligencia, astucia, valor, coraje y
liderazgo, cruzo a nado el Tiber, llevando consigo un grupo de
doncellas, en dirección a Roma. Porsenna reclamó su parte del
trato, pero solo regresó Cloelia. Ante su valor y el miedo a otro
Escevola, el rey etrusco dio a elegir a la doncella a aquellos que
deseara llevarse. Esta se llevo a más doncellas y a los niños.
Roma se había liberado de la amenaza y nuestros héroes recibieron
regalos: a Mucio unos campos (Prata Mutiana) y a Cloelia se le erigió
una estatua en lo alto de la Vía Sacra.
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